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"Interviú
acude a una auténtica fiesta 'rave' celebrada durante cinco dias
en un cuartel militar abandonado en Tarragona"
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Tras
la muerte en Málaga de dos jóvenes que habían consumido
'éxtasis' se habló de que aquella era una fiesta 'rave'.
Nada más lejos. Estos encuentros casi clandestinos se organizan
fuera de los circuitos oficiales de ocio, en fincas abandonadas, naves
industriales o parajes recónditos; son siempre gratis, la música
electrónica no deja de sonar durante dias, la gente que acude pertenece
a todas la tribus y el 'éxtasis' es la droga mas utilizada. Nacen
y desaparecen sin dejar rastro. En Semana Santa se celebró una de
las más reconocidas en un antiguo cuartel militar de Tarragona.
Esto es lo que ocurrió.
Yo
he visto cosas que vosotros no creeríais, he visto atacar naves
en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar
en la oscuridad cerca de las puertas de Tanhäuser: Todos estos momentos
se perderán en el tiempo..." El replicante, mitad humano
mitad máquina, de la película Blade Runner estará
a punto de morir, ya no le queda tiempo pero decide salvar la vida de su
perseguidor, el policia que encarna Harrison Ford. Necesita explicarles
las cosas impresionantes que ha visto en el universo. Si hubiese podido,
el replicante también le haria contado lo que es una auténtica
fiesta 'rave' (en inglés, delirio), una experiencia que mezcla espacios
insospechados (naves industriales, casas rurales abandonadas, parajes naturales
perdidos), música electrónica que poco tiene que ver con
los recolpilatorios discotequeros; público tan variado que va desde
el moderno más moderno al hippy-punk más agujereado;
y consumo de sustancias psicodélicas, donde el éxtasis es
el rey.
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A raíz de los sucesos ocurridos en un polideportivo malagueño,
donde dos chavales murieron tras consumir drogas sintéticas, muchos
empezaron a calificar de raves cualquier fiesta que uniese discjockeys,
jóvenes y drogas. Interviú acudió la pasada Semana
Santa a una verdadera rave-party, una de las muchas que se celebran
cualquier fin de semana en cualquier punto del territorio español
y que, salvo |
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los incondicionales, muy pocos
saben que existen.
Para
empezar, los promotores -colectivos juveniles con presencia de pinchadiscos-
realizan la convocatoria de forma no convencional para evitar la presencia
de la policia: internet, mensajes a teléfonos móviles, hojas
fotocopiadas con plano incuido que pasan de mano en mano, o el más
efectivo, el boca a boca. En esta ocasión, la cita era en un paraje
montañoso donde hace años funcionaba una instalación
militar. Sábado 30 de marzo, 11 de la noche. La fiesta ha empezado
el Jueves Santo y el ir y venir de vehículos es incesante en una
carretera comarcal plagada de curvas y niebla. Hay matrículas catalanas,
aragonesas, valencianas y hasta de Andorra.
Dos
garitas derruidas dan la bienvenida a un complejo formado por pinares y
media docena de grandes barracones que servían de comedores y dormitorios
a los reclutas y que ahora han sido acondicionados como templos del
tecno. Si algo define a las rave es que son gratuitas; la decoración,
sencilla pero imaginativa, desde cordones de luz y proyecciones visuales
sobre las paredes hasta graffiti y telas en las ventanas para que
cuando llegue el amanecer la fiesta pueda continuar. Los organizadores,
que consiguen la electricidad con generadores, se comprometen a limpiar
la zona para que los próximos ravers encuentren todo preparado.
Y es que estas fiestas nacen y desaparecen sin dejar rastro. La próxima
puede ser cerca de su casa, en ese polígono industrial en desuso,
en esa finca semiabandonada que está junto a su chalé...
"El que va a una 'rave' no vuelve nunca a una discoteca. Aquí no
pagas entrada, puedes traer tu bebida, tu comida; puedes venir vestido
como quieras y no hay horario de cierre", comenta Sara, una barcelonesa
de 27 años. A favor de estos encuentros está la leyenda de
las raves inglesas o ibicencas de finales de los años 80,
experiencias colectivas que tuvieron su mayor auge en Europa y los Estados
Unidos, y que en la actualidad han llegado a México, Chile, Brasil
y Argentina. Cientos de coches, tiendas de campaña y hogueras salpican
el exterior de los barracones. La tercera noche de delirio está
ya en marcha; más de mil jóvenes se agolpan en los barracones,
en uno suena música trance, la más densa y tormentosa
de la electrónica; en otro, ritmos ácidos; más
allá los beat por minuto se aceleran, y al final una zona
de desconexión, el denominado chill-out, donde se escucha música
jamaicana en un entorno de colchonetas para relajarse y zumos naturales,
infusiones o hierbas psicoactivas para aplacar la fatiga.
Si en las zonas montadas por la industria del ocio el alcohol duro -los
cubatas-
manda como sustancia de consumo masivo, en las rave priman el agua, los
refrescos y la cerveza, quizá porque la droga más utilizada
es la metilendioximetanfetamina (MDMA), o lo que es lo mismo, el éxtasis."Aquí
hay gente que consume mucho, gente que no consume nada, gente que lo hace
con moderación, y gente que sólo fuma porros",
explica
Ángela, una de las voluntaris de Energy Control, organización
subvencionada por el Plan Nacional sobre drogas que se encarga de reducir
los riesgos del consumo en los sectores juveniles. En esta ocasión,
los promotores de la fiesta les han pedido que acudan con su stand
para informar y analizar pastillas con el fin de descartar las adulteradas.
Sólo
en la noche del sábado, cerca de un centenar de jóvenes llevaron
su pasti para saber que és lo que se iban a tomar. Primero
se rasca el comprimido para sacar una muestra que se coloca sobre un pequeño
cristal de laboratorio. Una gota de un reactivo y la muestra cambiará
de color. Negro, azul o lila indican que la tableta lleva MDMA u otro derivado
anfetamínico; naranja u ocre, anfetamina; amarillo o verde, 2CB
(un alucinógeno no muy extendido); y si no hay color, se trata de
sustancias desconocidas. Josep Rovira, responsble de Energy Control, sostiene
que este tipo de fiestas nunca han dejado de realizarse, "porque la
gente encuentra lo que no le dan las grandes discotecas. Son gratis, no
hay porteros ni guardias de seguridad, los 'disjockeys' no están
subidos en un altar, están a la misma altura que los que bailan,
son anónimos pero les guían con su música haciendo
parones rítmicos para evitar el agotamiento; |
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puedes
venir con tus malabares, con tu tambor y nadie te dirá nada". Sobre
el consumo de drogas,
Rovira reconoce que la metanfetamina (speed) y el éxtasis
son las dos sustancias más extendidas. "Más del 90 por
ciento de las pastillas analizadas llevaban MDMA, muy pocas estaban adulteradas".
El
amanecer se acerca, muchos olvidaron cambiar la hora. Los más
pasados
duermen junto a las fogatas o en el coche, los más
speedicos
no pueden dejar de mover las piernas. Hay quien se ha comido setas alucinógenas
y se ha marchado hacia los pinares. Las paredes del viejo cuartel resisten
el sonido. Todavía quedan 24 horas más de rave. |